El Sinoa II va donde el barco grande no puede. Se mete en los rincones más íntimos del cañón, donde el agua está tan cerca que casi podéis tocarla.
Es una experiencia pensada para grupos reducidos. Podéis parar donde queráis, quedaros en silencio el tiempo que necesitéis, brindar sin prisa.
Con vosotros va un guía que os cuenta lo que estáis viendo — cuando lo pidáis. Y catering a bordo, para que el tiempo se estire sin salir del río.